Going Out With A Blast

Mi secretaria interna anda emocionada.

Para todos los que creen que no sé guardar secretos, bueno, pues están en lo correcto. Pero en este caso en particular, guardé un secreto por dos meses porque era conveniente. Por “conveniente”, entiéndase: porque me voy a atorar a todos los hijos de puta que me maltrataron de la peor forma posible. Pero dejémonos de aspectos técnicos que yo soy guapo, no ingeniero. Ahora mismo les voy a contar un cuento, brace yourselves.

En diciembre me fui de vacaciones porque tenía mil días sin ocupar y sólo mil y dos días para hacerlo. Así que partí a la playa para reencontrarme conmigo mismo y planear el gran golpe y así. El 30 de diciembre regresé, padrísimo y delgadísimo a la oficina, sólo para encontrarme que estábamos el guardia, la de la estación de café y yo. Estaba más vacía que un concierto de Carly Rae Jepsen, nada más para que se imaginen.

Se supone que mi jefa aún trabajaba ese día, pero si no trabajó los primeros 363 días del año, por qué comenzaría a hacerlo ese día, no? No sé ni porqué me sorprendió no verla ahí. Equis. Luego llegó el momento más temido por todos los que han tenido el placer de trabajar para un sociópata: anunciar la renuncia.

Hice un concenso con el guardia y la de los trastes para ver qué día debía renunciar, si el 30 de diciembre y arruinarle el Año Nuevo, o esperarme hasta el 2 de enero y arruinarle su cumpleaños (que era el 3). Después de mucha discusión, llegamos a la conclusión de que era mejor arruinarle el Año Nuevo y no su cumpleaños, para que no se tomara tan personal el putazo. Obviamente nada nunca pasa como lo planeamos.

Total que no pensaba hablarle por teléfono porque, por experiencias previas, esa llamada finalizaría con un “You’re gonna die in seven days” – y si no me creen, lean las entradas previas. Juro que todo lo que digo en este blog es cierto (solo exagero un poco, a veces). Entonces estiré mis dedos y me dispuse a escribir un lindo mail. Bueno, en realidad le troné los dedos a mi trainee para que ella lo redactara. Es lo mismo.

Y entonces finalicé mi mail con un “si quieres que lo platiquemos por teléfono, por favor avísame y con mucho gusto te marco”. Ajá. Por azares del destino justo ese día olvidé mi cargador y mi vida ajetreadísima de tuitstar se chingó mi batería desde mediodía. Yolo.

Pasó el puente y yo cagado porque no tenía ni un mail ni una llamada perdida ni nada. Pensé que ya le había dado una aplopejia, pero claramente no tengo tanta suerte. Ni hablar, el jueves fui a RRHH a presentar mi renuncia y me pidieron enviar un correo copiando hasta a la mamá del muerto. No importa, no importa. Mandé el correo con subject “Renuncia MauValmont” y diez miutos después recibo al fin un correo de mi jefa.

Les juro que adrenalina así sólo la he experimentado cuando esperaba en el baño a los resultados de la prueba de embarazo. Por cierto, ya les dije que soy infértil? EERRR… OK, entonces lo abro y su mail era un copypaste eterno de “qué falta de profesionalismo y ética” y derivados. Vaya. Qué hiriente es viniendo de una persona que le robó más de 50,000 pesos a un cliente. Al final sí le terminé arruinando su cumpleaños porque claramente leyó el correo tres días demasiado tarde, trololol.

Por supuesto que estaba bien encabronada porque en diciembre me preguntó out of the blue si quería renunciar ya. En realidad lo hizo porque yo andaba diciendo por todos lados que ya me iba y me valía madre todo y “accidentalmente” lo escuchó la chismosa de su mejor amiga. Es que además de no ser muy discreto sobre el tema, también le estaba cantando a la trainee fragmentos de canciones de ardilla a todo volumen, tipo para cagarme de risa un rato. De que iniciaba con:

Ya me cansé…
Me alimentaste siempre de mentiras…
Mentiras…
Qué estúpida que siempre te creí…
Qué ganas de no verte nunca más aunque me muera…
Hacerme de coraje y escapar por esa puerta…
Qué ganas de cerrar este capítulo en mi vida donde fuiste una mentira y nada más…
Hoy voy a cambiar…
Revisar bien mis maletas…
No pidas que me vuelva a equivocar, no pidas eso…
Aunque vengas de rodillas y me implores y me pidas…
Aunque vengas y me llores que te absuelva y te perdone…
Aunque a mí me causes pena te dedico esta ranchera por ser el último adiós…
Porque lo que tú me hiciste es peor que una mentada…
Mira que jugar conmigo, yo que tanto te adoraba…
Y sin hacer tanta bulla te suplico que también me saludes a la tuya…

Fresísima el playlist. Niño bien 110%. Casi no se nota que llevo una secretaria por dentro. Pero volviendo a la historia: Por supuesto que en esa ocasión le juré y le perjuré que jamás me iría de su lado, una mentira piadosa, tal y como todas las que ella me dijo durante estos tres años.

Más emputada estaba porque les dije a todos que me iba por una mejor oferta laboral. Esta nueva oferta estaba en un lugar mucho más bonito y cómodo y tipo mis actividades básicamente serían besar a mi gato y moverme cuando la servidumbre viniese a hacer mi habitación. Por si aún no lo cachan, no tenía otro empleo. Únicamente dije que tenía otra chamba para:

a) Hacerlos enojar más.
b) Poder irme el 8 de enero sin peros.

Por qué el 8 de enero? Porque el 9 de enero llegaban como 10 proyectos míos y no me dejarían partir sin hacerlos antes. Y, por si aún no lo han notado, seré muy pendejo, pero no tengo ni un pelo de tonto. Oh, no. Ni uno, les digo. Ni un estadista israelí habría planeado esto mejor. Aseguré una salida triunfal con cero tiempo de recuperación y con máximo atorón a mi jefa y a los demás pendejos.

Total que Masiosare y el otro senior pendejo me citaron en la Habitación del Pánico sala de juntas para amenazarme. Me dijeron que el mundo era muy pequeño y aunque yo juraba que no los iba a volver a ver, seguramente me los toparía de nuevo y podía esperar que hablaran caca de mí. Claro, lo que ellos no lograron asimilar jamás es que yo tengo pasaporte, habilidades, conocimientos, contactos, dinero y además soy talla cero. Lo que hablen o dejen de hablar de mí, me vale.

Mi jefa llegó de vacaciones el día que yo me iba. Por supuesto que no se despidió de mí. Pero quienes lo hicieron, juro por los bigotes de mi gato tigre de bengala que lloraron. Sentí bien bonito y así. Tipo de que, tal vez si me hubiera dado la oportunidad de hablarle a más personas… well, it wouldn’t had been that bad after all.

Despedirme de mis clientes fue aún más satisfactorio. La de Expedia me chuleó horas por lo agradecida y contenta que estaba con mi trabajo y dedicación a la cuenta y además se ofreció a apoyarme en lo futuro. Nada mal, pensando en que es la directora de marketing a nivel LATAM. Nada, nada, nada mal. La de Glaxo era una mamada. Onda de que me habló un día para pedirme algo urgente pero antes de eso me platicó por 40 minutos o más sobre cómo jugó dominó cubano durante el Año Nuevo. Evidentemente su sentido de urgencia no es el mismo que el mío. Equis. Me hizo un interrogatorio tremendo de a qué empresa me iba y claramente a cada persona le había dicho una empresa diferente. Total que terminé diciéndole que me iba a Heinz. Como todas las viejas, she couldn’t be trusted, y le contó al director a dónde me había ido. En minutos todo mundo sabía de mi supuesto nuevo empleo.

Una semana después tuve que regresar a la oficina a AYUDAR a mi jefa a comprender cuál era SU trabajo, porque después de habérselo hecho por tres años, la señora ya no recordaba cómo hacerlo. Bueno, pues glacial el ambiente. De que una porno heterosexual me calienta más, así se las pongo. Además me odiaban más porque querían que me quedara como 5 horas y yo así de, “bitch, tipo tengo que trabajar! O sea nada más puedo quedarme 30 minutos y así.”. trollface.jpg

Claramente me quedé 30 minutos y me fui a comer con mis amiguitos por dos horas. Por supuesto que, cuando me vio de regreso en la oficina, mi jefa trató de agarrarme a madrazos. Pero yo le dije, “GOEY, es que en Heinz son súper flexibles!”. Estoy seguro que este dolor de espalda que tengo desde hace unos días es brujería y no muscular, pero ni modo.

Al final de todo, el último día ahí fue como mi primero. Cuando salí de la oficina, me subí al coche que casualmente estaba estacionado exactamente en la misma esquina pitera en la que lo había dejado hacía tres años. Lo gracioso es que se quedó sin batería, tal y como ocurrió el primer día. Siendo yo tan místico, buddhista, kabbalista, taoísta y además farol, está claro que esto fue una señal del Señor. Se cerró un ciclo y sobreviví para contarlo.

Bitch, I’m fabulous!

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