Life Post MBA

Pretendiendo ser Pablo Escobar.

LOL este post debí haberlo subido el 10 de agosto del 2016, pero el pedo se me atravesó y, pues, yolo. Ni siquiera lo voy a acabar. Disfrútenlo así tal cual.

Antes me decían que era un súper maestro porque todo el tiempo andaba enseñando. Tipo sigo en las mismas porque hoe is life, pero ahora además tengo un título que respalde mi putería. Yup, me gradué del MBA. Cristo Rey de Monterrey y así.

La verdad sí estuvo bien impactante todo esto. Primero porque estos dos años terminaron más rápido que un eyaculador precoz, y segundo porque no puedo creer que haya sobrevivido a tanta mamada diaria. Claramente por ‘mamada’, me refiero a los golpes de la vida, porque si fuera otro el significado yo me habría muerto pero bien contento. Pero ésa es una historia para el after.

Hoy vengo a darles un muy breve resumen de todo lo que ocurrió en este último semestre y el resto de mis pendejadas veraniegas. Ahora que lo pienso, mejor no les cuento todas mis pendejadas porque sino esto se vuelve como la cosecha de mujeres: nunca se acaba, trololol.

Pues verán, comencé el último semestre del MBA mandando CVs a lo pendejo. Ya estaba yo tan desesperado por un trabajo que mandaba hasta mis calificaciones, mi cartilla de vacunación, y el link a mi perfil en cam4 para que vean que soy buenísimo en esto del social media. Bueno, esto era la locura. Pero creen que alguien me habló? Pues no. Putos todos.

Pero bien reza el dicho que las penas con pan son buenas, y con chínguere son mejores. Claro que sí. Así que decidí perseguir mi pasión de ser trotamundos, agarré mis maletas, y me fui de puntitas al más bello Estado de todos: el etílico. A huevo.

Bueno, así lo conocí yo pero oficialmente se llama Colombia. Anduve de paseo unas semanas con algunos amigos y otros no tanto del MBA y, pues… fue peor de lo que se escucha. Onda de que realmente es cierto que uno no conoce realmente a nadie sino hasta que viaja con ellos. Y vaya que los conocí. Los conocí demasiado. Todavía me da la temblorina nomás de acordarme y así. Triggered.

No hablaré mucho del viaje porque la verdad es que recordar es volver a vivir, y si yo recuerdo todo lo que ya viví, me voy a querer morir. Yo desde antes de treparme al vuelo ya sabía que este viaje tenía un alto índice de peligro, y eso contando que sobreviví a la cobra en el retrete africano. De que ya me veía yo como la Campuzano aventándome de un taxi todo encocado; qué belleza habría sido mi obituario.

Pero no, ni una línea subió por mi nariz, pero chorros salieron por otros orificios de mi cuerpo. Y es que me cagaba de rabia cada que tenía que convivir con el sirio y el canadiense. El primero porque tenía un corazón lindísimo, un alma bondadosa, una inocencia de niño, y también apuesto que tenía un 23er cromosoma, porque estar tan baboso no es normal. El segundo en cambio, no tenía nada de eso, pero todo lo compensaba con hartas opiniones y declaraciones que parecían sacadas de un discurso del KKK.

Yo la verdad sí sufrí.

Luego para hacerle más a la mamada, tuve el placer de dormir con el sirio y pasar una noche en Siria. Se escucha bien romántico, no? Así como que lleno de explosiones de emociones y de sensaciones. En fin, chingos de explosiones. Y es que el pendejete tiene terrores nocturnos y claramente yo no sabía nada de esto hasta que estoy quedándome dormido, listo para recuperarme del vuelo tan tremendo, cuando de repente empiezo a oír un susurro a mi lado.

Primero yo pensé, “Aquí me violaron”, pero después reflexioné y me dije a mí mismo, “sólo es violación si no me gustó”. Entonces yo ya estaba listísimo, cuando comencé a poner atención a lo que susurraba:

Serge: Oh, my God, guys…! Oh, my God! OH, MY GOD!
*yo aterrado porque juraba que el tipo ya estaba en el clímax y yo todavía andaba calentando*
Serge: Shit, guys! SHIT, SHIT, SHIT! IT’S GOING DOWN, GUYS, IT’S GOING DOWN!

Bueno, el pendejete estaba teniendo un sueño súper intenso y yo acostado, aterrado, viéndolo y oyéndolo a medio metro de mí, sin saber si despertarlo o tratar de salirme del cuarto. Por supuesto que terminé despertándolo porque yolo y de inmediato se acerca a mí y comienza a frotarme el brazo, onda bien homoerótica la cosa. Total que me susurra en el oído que todo estaba bien, que me tranquilizara, que nada iba a pasar. Cualquier similitud con la típica frase antes de que te la dejen ir todita en un callejón a punta de pistola es mera coincidencia.

Esa fue la primera de 14 noches juntos. Chulada de viaje el que me esperaba.

Los demás días estuvieron igual de intensos pero divertidos. Me encantó Colombia, su comida, su historia, su arquitectura, su gente, su cocaína… Bueno, yo fan total.

La vida continuó apenas regresé a Montreal, más que listo para cerrar con broche de oro estos dos años de llevar de tiempo completo un dildo tamaño caguamón en el trasero. Pedas aquí, crudas allá, inicios aquí, despedidas allá, etc. Cada día hacía lo inevitable un poco más real: Todo estaba por terminar.

Afortunadamente, apenas terminé clases comencé a trabajar. Eso ayudó a hacer la transición más fácil, evitándome el fastidio de encontrarme solo con demasiado tiempo en mis manos.

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