The Horrors Of Beauty

No vuelvo a juzgar al libro por la portada.

Bueno, tesoros, en verdad que Kendall Jenner tenía razón cuando dijo que el 2016 era el año de “realizing things” – o tal vez fue Kylie u otra de esas pendejas, equis. El comentario iba enfocado a que fue un año de descubrimientos y cambios más fuertes que los de la canción de Quinceañera. Todo empezó cuando cumplí al fin mi fantasía de trabajar en la industria de la belleza y, al contrario de mis otras fantasías, ésta no acabó en climax.

Entré a Coty después de arduas horas de rodillas networking y según todo mundo era una compañía súper especial porque todos eran amigos, existía un verdadero espíritu de equipo y básicamente todos tenían tatuajes en el orto de los Ositos Cariñositos. Pues, qué cool, no? Ajá, sí, pero poco sabía yo que mi nueva vida laboral tomaría un giro à la Pinterest vs. Reality.

Ni Jesucristo Superestrella vio venir el tren que me arrolló. Neta.

Empecemos por las oficinas. I mean, uno esperaría que si están en el negocio de decirle a las mujeres que son feas ergo hay que comprar maquillaje para no estar tan tiradas al catre, lo menos que podrían esperar de las oficinas era algo humanitariamente decente. Uso ese término porque estaban más derruidas que el orto de una musculoca en noche de Pride. Estaba muy cabrón pero decidí no juzgar al libro por la portada, just yet anyway.

En el departamento de Marketing éramos 30; 27 viejas, 2 jotos y el VP que nunca estaba. Bueno, uno pensaría que se pondría divertidísima la cuestión, pero nel. Al final del día, muy a pesar de cualquier propaganda feminista, hacía falta machos alpha para controlar a la jauría. Pinches viejas no se aguantaban. Al menos entre hombres nos agarramos a madrazos y ya, pero todas ahí eran unas backstabbing bitches de terror!

La ausencia de pene era una de mis teorías. La siguiente teoría, y posiblemente igual de válida, es que les hacía falta comida. Claramente el hambre mata, y no necesariamente a la persona que la padece, sino a los que tienen que aguantarla. Estoy perfectamente consciente que esto va en contra de mis creencias y de todo lo que he promovido durante años, pero if it’s for the greater good, métetelo a la boca y deja de estar chingando. En síntesis, de una u otra forma, tenían que meterse algo, ya fuese por la boca o por la cola, pero algo. Word.

Mi equipo estaba conformado de viejas sin motivación alguna, activamente en complot para correr a una o para joder a la otra. En fin, siempre me he jactado de que me encantaba el drama, y la neta sí, lo disfruté mucho. Pero es menos agradable when it hits close to home, o, en este caso, cuando me tocaba a mí estar en el cagadero. Por “cagadero” me refiero a la oficina de mi jefa.

La jefa de mi departamento era una méndiga anciana de 62 años anoréxica – como todos los demás – con ínfulas de coach, manager, advisor, y amiga. Se oye bien bonito y casi motivante, pero ni en pedo. Era una halucinación más cabrona que cuando confundí el Tylenol con un ácido. Al menos esa experiencia estuvo terrorífica pero cagada, más de lo que puedo decir de esta señora.

La hija de su pinche madre – que irónicamente murió (la madre) mientras trabajé ahí – se la pasaba gritándole a todo mundo a tal grado que la gente del otro lado de la oficina escuchaba perfectamente lo que decía. Quite the feat considerando que había un pasillo enorme, baños, elevadores, dos cocinas, y tres salas de juntas de por medio. Seguro en uno de esos gritos se le fue el esposo – porque también era viuda.

Afortunadamente en mi rol no tenía que interactuar tanto con ella, así que 80% de las veces que la veía, normalmente era gritándole a alguien más. Muy cagado la verdad, and then it happened. Me puso una caguiza por alguna pendejada que era menos relevante que la carrera musical de Daniela Luján. Me meé.

Pude haber quedado con PTSD muy cabrón, pero me negué a comportarme como perro Chihuahua en caso de que volviera a gritarme otra vez. Así que tuve emplear diferentes tácticas para sobrevivir a la masacre.

La primera consistía en comer mientras ella me gritaba. Me daba mucha risa porque se ponía histérica y yo disfrutando mi chocolatote bien quitado de la pena. Era tan grave la situación que en algún punto llegué a preguntarme si su cara de shock era porque sus gritos me hacían lo que el viento a Juárez, o porque al parecer era el único que comía en esa compañía, en general.

La segunda forma de hacerle frente la descubrí cuando se volvió loca porque no podía encontrar un archivo en el sistema. Ni siquiera me dejaba explicarle que el puto archivo estaba en el folder en el que ella lo quería, únicamente le había cambiado la fecha a la fecha actual. Entonces yo le dije muy cordialmente, “Just shut your mouth.” Y se calló. Y me habló muy dócil y amable por como tres días después de eso. Básicamente la señora era como Rihanna: quesque muy brava y brincona pero se le quita al primer vergazo.

Fue entonces cuando concluí que no iba a durar más en esa compañía. No porque no pudiera hacerlo, sino porque solamente puedo tragar tantos chocolates o cockslappearla emocionalmente antes de que me corran, or worse, que no me queden los jeans. Ni pedo. Tuve que buscar otro trabajo.

En ésas anduve cuando decidí mandar mi CV a Beiersdorf para una posición para la que no estaba calificado, ni tenía la experiencia, ni el título, ni el alemán, ni madre, ni mucho menos. Pero, why the fuck not? I mean, Donald Trump llegó a la presidencia haciéndose pendejo, qué era lo peor que podía pasar?

Claramente hablé muy pronto porque me hablaron a la semana para una entrevista telefónica y una semana después para tener la entrevista final con tres directores. LOL WUT? Es legal? De que casi casi el gap entre mi CV y la posición era tan grande que me parecía que aplicaba para ingeniero senior en aeronáutica cuando no había ni terminado la primaria. Ni pedo, la oficina estaba literal cruzando la calle de Coty, de menos me serviría para darle sabor a la semana.

Me preparé cabronamente para la entrevista porque aún cuando creía que no me iban a contratar, de jodido no quería parecer un completo pendejo. I mean, es difícil ocultarlo pero tampoco hay que gritarlo a los cuatro vientos. Total que llegué y me puse moister than oyster. Todo estaba tan bonito! Nada que ver con las pinches oficinas culeras de Coty ni con la cocina mugrosa, vieja y básicamente jodida.

Y hablando de la cocina… Qué sorpresa el verla llena de gente conviviendo y riendo. Fue un shock total después de pasar un año en una compañía cuya cultura organizacional dictaba que estaba prohibido tragar, ever. Después de Guatemala y Guatepeor, se encuentra Guateculera, y después de tanto tiempo ahí, ya tenía listo mi pasaporte para irme a chingar a mi madre a otro lado.

Las entrevistas fueron rarísimas al punto en el que después de la primera – con la directora de Marketing – me quedé con toda la impresión de que pensaban que estaba bien baboso. Tipo que me la estaban haciendo fácil para que al menos no me rechazaran con tanta pena. Luego la directora de Ventas se pasó la hora entera leyendo mi CV y la única pregunta que me hizo fue cómo me había ido en África. La vida me estaba trolleando durísimo.

Cuando me di por vencido en esto, llegó el tercer entrevistador y… ay papá! No había visto hombre más guapo ever. Además estaba usando ropa súper embarrada y la chingada, pues yo no sabía si verlo a los ojos o a los pezones. Y eso fue lo más terrible del asunto, porque claramente éste sí decidió entrevistarme en serio y yo nada más pensaba en lo mucho que lo quería duro contra el muro. El caos total.

Total que medio me compuse y ya terminando la entrevista me pregunta si quiero saber algo más de la compañía. Fuck, qué? Llevaba ahí cuatro horas viendo a todo mundo tragar y luego ese manjar del otro lado del escritorio… Claramente yo sólo quería comérmela comer. So, claramente le dije que me moría de hambre y debía partir a comer ya.

Minutos después pedí el Uber de vuelta a Coty y, para no variar, me tocó el pinche conductor más raro de Montreal. El pendejete este era claramente indio y comenzó a hacerme la plática con un inglés mega culero porque al parecer mi cara de mamón invita a los más pendejos a hablarme. La conversación fue algo así:

Él: So, what you doing here?
Yo: Came for an interview.
Él: Which company?
Yo: Beiersdorf.
Él: Ah, Finance!
Yo: No… Marketing.
Él: Ah, Marketing in Finance!
Yo: No… they sell beauty products.
Él: Ah… AH, CAR!
Yo: No, not cars, beauty prod-FUCK, CAR!

Después de casi morir tres veces porque el idiota no sabía manejar, me sale con la mamada de que es consultor y de que si quiero un puesto en su oficina. Como claramente no me convenció, me salió con el chiste de que hace chingos de dinero, casi 15 dólares por hora.

Jajaja, en serio? Qué? Tal vez es un chingo de dinero en rupias, pero en Canadá eso es salario mínimo. Entonces yo muy educadamente le dije que por favor no me molestara y manejara. Error. Me pidió mi CV, me dijo que me entrevistaba el lunes y como le había caído bien, podía empezar el martes. Neta? Yo pensando que si no me contrataban en Beiersdorf, de jodido alguien sí me querría.

Será que algo en mi cara le fascina, algo en mi cara le da vida? Será mi sonrisa?

OK, ya. Media hora después me habló la HR de Beiersdorf para decirme que les había encantado así que básicamente tenía el trabajo. Well, wow. Toda esa experiencia fue tan surreal que por un momento pensé que me había quedado en trance del último ácido que me había chingado. De menos esperaba a que Ashton Kutcher me gritara “You’ve been Punk’d!” o alguna mamada. Pero nel, fue legal.

Lo más cagado es que la gente en Coty se jactaba de ser buena ondita, y se compadecían de L’Oréal porque según eran muy culeros allá. Pero realmente qué tan peor puede ser L’Oréal? Son los pinches Hunger Games o qué pedo? Porque en Coty eran igual de culeros pero hacían 3 veces menos dinero. Like, si van a mamar, al menos háganlo bien.

Así fue como pasé de decirles a las mujeres que son feas, a decirles que son bellas. Vaya, es mentira, pero todo mundo sabe que usar moisturizers es para cubrir imperfecciones, pero usar foundation es para ocultar inseguridades.

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