The Mexican White Lotus

Sin la participación de Verónica Castro.

Dior mío es que de verdad que todo me pasa a mí. Les voy a contar una historia tan horripilante que la cara de Jojojorge Falcón palidece en comparación.

Side note: Sigue vivo Jojojorge Falcón?

En febrero fuimos express a México porque era el cumpleaños de mi madre y mi hermana a huevo quería llevarla de sorpresa a la playa o a algún lugar igual de culero, pero con toda la familia porque en mi casa son muy “mejor mal acompañados que solos”. Pues ahí va Mau de pendejo porque ya estaba hasta los huevos de tanta pinche nieve y frío, y mi salud mental podría beneficiarse de unos tacos de carnitas, y mi cintura de una diarrea corta pero contundente.

Justo ese día mi empresa convocó a una reunión masiva urgente para decirnos que la iban a cerrar en seis semanas lol pues con aún más gusto decidí disfrutar esos días porque seguro que me iban a correr al fin. Era joven, tenía sueños, y la libertad sabía a clamachela… o algo así.

Volamos a Puerto Vallarta y todo muy cool los primeros dos días. Justo le decía a Olivier que me cagaban ese tipo de vacaciones porque literal no había nada qué hacer en el resort. Me preguntaba cómo le hacían los gringos para echarse una o dos semanas en esos lugares y decir que eran las mejores vacaciones de sus vidas. O sea? Yo llevaba 48H ahí y ya me quería morir.

Entonces ocurrió el desastre. Como todo en mi vida, por hocicón y/o por pendejo. Pa’ que les digo que no si sí.

Despertamos el domingo, me asomo al balcón y veo un chingo de columnas de humo por todos lados. Yo todo pendejo pensé que eran los incendios de California, un bombardeo shitsraelí o algún otro tipo de evento primermundista y, pues… no. Me metí al infierno que es Twitter y rápidamente me enteré que eran los pinches narcos. Ay, Dior mío. Tanto viajar y jugarle al vivo para acabar siendo estadística de desaparecido y encima en Jalisco. Vale verga la reputísima vida.

Antes de proseguir con este relato, necesito que comprendan el tipo de hotel en el que estábamos. Imaginen un pinche complejo con diez o más torres de habitaciones, igual número de piscinas, más de 15 restaurantes de comida internacional, un espectáculo de Le Cirque du Soleil permanente en las instalaciones, un pinche tren que literal te lleva de un punto a otro porque todo está bien apartado, y TODO ESTO en medio de una selva tropical artificial para crear una ilusión paradisiaca de paz que claramente no incluye a la gente pobre y así. Fuertísima la situación.

Claramente toda esa fantasía no concordaba con el desmadre que se aventaron los narcos en la ciudad. Obviamente yo estaba cagado de miedo porque todos los vuelos a Disparos Unidos y a Canadá habían sido cancelados. Ojo: No tenía miedo a morir en Puerto Vallarta. Tenía miedo a quedarme atrapado ahí. No es por ser mamón (sí soy) pero prefiero morir en cualquier otra parte del mundo, de lo que sea, que estar vivo en México. Mis reales aka mi terapeuta, Olivier, y mis amigos imaginarios saben por qué.

Pues yo checaba y checaba y después volvía a checar las comunicaciones del consulado canadiense para ver a qué hora mandaban el helicóptero y el jet privado para rescatarme (obvio), y lo único que dijeron al respecto fue, “Lock your doors” o sea, perra, por favor?!?!?!

Acaso la nieve les entumeció las neuronas o qué chingados esperan que pase si le pongo seguro a la puerta? También quieren que cuelgue el letrero de “Do not Disturb” por si las moscas? Realmente creen que un pinche narco con una AK47 y demás armamento militar va a ver eso y decir, “Nomácayuuu, a los huéspedes del cuarto 1602 nos los saltamos, pero tráiganse a todos los otros para fusilarlos”? A qué estamos jugando, Dior mío?

Side note: Mi hermana jodiendo que aún si llegara el SWAT canadiense a rescatarnos, nada más ayudaría a los ciudadanos canadienses (o sea, a Olivier y a mí), pero y qué pasaba con los demás (o sea, mi familia)? Pues como dijo Confucio, “Ya ni Pedro, Pablo”. Se tomaron decisiones en la vida, ésas fueron las suyas, y a lo hecho, pecho.

Mi madre, sabia más allá de sus años, me dijo que relajara la raja y bajara a la piscina a discutir lo que se podía hacer. Tipo yo bajé con 4951 planes y opciones sobre cómo sobrevivir al desastre, pero nada me preparó para la respuesta de mis padres.

Mau, no puedes hacer nada más que pedirte una cuba y meterte a la piscina un rato.”

Una completa falta de respeto. Ahí estaba yo, sentado, cubierto en bloqueador mineral FPS 90 – por cierto, nunca, pero pinches nunca, compren bloqueador mineral porque les dejan la cara más blanca que ni mequeada IYKYK – tratando de encontrar un vuelo o algo que nos sacara de ahí, y mi familia entera, Olivier incluído, poniéndose un pedo durísimo en la pileta con el humo de las explosiones de background. Hagan de cuenta The Zone of Interest pero con pasaporte de ésos que requieren visa incluso para entrar a países piteros tipo Congo.

Ha sido la cosa más The White Lotus que he vivido, y lo peor es que ni siquiera viví la experiencia a tope. Tipo mi guardarropa ni siquiera era patrocinado por LVMH y así. No se vale, neta. Also, he visto todas las temporadas de ese show y en ninguna aparecen gringos atascándose de papel de baño. Gente, por qué?

Para que se imaginen la situación, en el hotel nos dijeron que nadie podía entrar ni salir para proteger a los huéspedes y a los empleados. OK, o sea, no es como que si llegan los narcos con sus bazookas, el pobre guardia del Vidanta va ser de mucha ayuda, pero pretendamos que sí.

Entonces los empleados del hotel que estaban trabajando en el hotel ANTES de que empezara el desmadre básicamente estaban atrapados con nosotros. Ahora, uno habría pensado que en tiempos de terror y angustia, las clases sociales, títulos nobiliarios, y demás mamada se eliminan, bien onda We Are The World, Kumbaya, [insertar títulos de canciones cristianas], etc., etc., etc., cierto? Pues nel. El capitalismo primero.

Los empleados tuvieron que hacer doble, triple y cuádruple turno porque los dueños buena ondita del hotel querían protegerlos de la violencia del narcotráfico, pero tampoco eran vacaciones. Real se salvaron de ser víctimas de un crimen organizado sólo para ser victimizados por otro tipo de crimen organizado. Una maravilla.

Pues ni con todos esos esclavos empleados se daban a basto para mantener los servicios del hotel, específicamente los restaurantes. Oh, lol, mi corazoncito prepotente palpitaba ante el desmadre que se iba a armar. De los 18 (o 15, o algún otro número absurdo) de restaurantes en las instalaciones, sólo iban a funcionar tres y olvídense de pedir sus gnocchi alla gorgonzola dolce o su canard à l’orange (que no se note que acabo de volver de spinning y muero de hambre) porque sólo iban a dar hamburguesas y jochos.

Para eso mejor me muero, la verdad.

Fue ahí donde todo mundo dijo “A la berrrrrnie” y corrieron al supermercado del hotel (porque obviamente tenían uno con precios 500% más altos que el Oxxo). Ahí sí me entró el pánico porque el agua en México no es potable, y la situación ya estaba de por sí para cagarse de miedo como para además agregarle una bacteria malévola. Fuimos a comprar agua (20 mil horas después porque el sentido de supervivencia de mis papás es menor que el de un feto a punto de ser abortado) y literal había botellas por todos lados, pero saben qué no había? Papel de baño.

Si ya se la sábanas para qué cobijas.

Neta qué pinche obsesión. Las habitaciones tenían TRES baños cada una, les juro que si algo no iba a faltar era dónde sentarse ni con qué limpiarse.

Eventualmente huéspedes más homo sapiens y menos primates fueron por agua y se agotó toda la que tenían. En el restaurante nos aventamos tres horas para que nos sirvieran algo que ni siquiera pedimos porque ya no había carne ni pan y, pues, para hacer hamburguesas tipo es así como lo básico y así. Welcome to the Hunger Games, mudafuckas!

Nos fuimos a dormir y me encerré en el cuarto como me recomendó el bellísimo e inteligentísimo consulado canadiense, puse el seguro, el letrero de “No Chinguen” y mis maletas para bloquear la entrada porque zorra prevenida vale por dos. Sí, señor.

Al final, obviamente no morí porque aquí estoy escribiendo esto desde mi laptop, no a través de una ouija, pero qué pinche odisea. Diorsito, ya, por favor, suéltame que ya te demostré mil veces que no soy tu guerrero más fuerte y tampoco tengo interés en serlo.

Todos los vuelos seguían cancelados al día siguiente, muy a pesar de las palabras de la lagartija a la que algunos llaman Presidenta. Lo bueno es que nosotros volábamos con Viva y, la verdad es que es tan mala, que claramente si estás volando con ellos es porque no te importa tu vida. Pues claramente ese vuelo específicamente no estaba cancelado. Rare W de Mau.

Para concluir, lo que más me duele, así, al chile, es darme cuenta que mi vida es una gran mezcla de tramas tipo HBO y presupuesto tipo Alegrijes y Rebujos. En otras palabras, una verdadera falta de respeto.

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