Un Día En La Vida De MauValmont: El Regalo Prometido

Preparándome para jugar con fuego.

¡Mi novio cumple 30 años!

Irónicamente yo sigo cumpliendo 21 desde hace unos tantos, pero ése no es el punto en estos momentos.

El tema aquí es que soy pésimo comprando regalos y este año tengo más presión sobre mí porque es un cumpleaños importante. Me recargo en la pared con esta angustia.

Sólo de contexto, mi novio desde el primer mes que comenzamos a salir ya se sabía perfecto mis medidas (y por supuesto que no se las dije yo), mis necesidades, mis pasiones y gustos por demás culposos y siempre obsequia cosas perfectas.

Como por ejemplo este cumpleaños mío que me regaló una Nikon de lujo. Yo estoy tan perdido que estoy a punto de regalarle una barra de chocolate.

No tengo ni puta idea de nada, ni siquiera de la fecha exacta de su cumpleaños (confío en que me lo recordará Facebook). Jesucristo Redentor, me queda clarísimo que es por esto que no me he casado.

Entonces decidí hacer lo único que podía hacer en estos momentos de crisis: sondearle.

Grave, muy grave, gravísimo error.

Para mi suerte – buena o mala, dependiendo de sus perversiones – el muchachito está muy conforme con recibir el regalo de los pobres, ése que las mocosas de secundaria regalan cada vez con más facilidad. Pues, cool, ¿no? Me ahorro el tarjetazo que pensaba dar.

Ajá. Excepto que el Don está en su etapa experimental (culpo a The Wolf of Wall Street por esto) y quiere jugar con fuego… y no sólo con el fuego pasional sino con el de un cirio pascual sobre mi bello cuerpo.

¡Ay, Diosito, apiádate de mí, porque últimamente he bebido alcohol como nunca y temo terminar como en la Rosticería ABC!

Pues decidí salir de compras con la AmEx negra, listo para dejar todo mi fideicomiso en una firma si eso significaba la seguridad de todos y cada uno de mis vellos. Y entonces, como un oasis en medio del desierto, los encontré: Unos zapatos Zegna para morirse.

En ese momento escuché coros angelicales, arpas celestiales y diez mil madres más. “¡Prueba superada!”, pensé mientras tarareaba la canción de El Juego de la Oca.

Y después mi suerte fue peor que caer en la casilla del peluquero (es que en verdad amaba ese programa): En ninguna tienda en México hay calzado del número de mi novio porque calza del 11 y… pues algunas cosas entran con bastante lubricante, pero estoy casi seguro de que su pie en un zapato del 10 no será una de ellas.

Ya valí madre.

Al final terminé contactando a todos en Ermenegildo Zegna para conseguir esos zapatos. Aún no me confirman si pueden enviarlos desde Italia para antes del viernes pero el tiempo corre y…

… yo ya hice cita para depilarme todo, por si acaso.

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